El partido cambió improvisamente rumbo en los últimos minutos de la primera etapa: primero Rossi falló un gol fácil, mordiendo el remate parado solito a pocos metros desde el arco. Luego, respetando la vieja ley del fútbol del "gol fallado gol sufrido", llegó el 1 a 0, a la postre el tanto decisivo: Muntari recibió en sobre la trescuartos y, parado a unos 20 y pico metros de distancia, sacó un zurdazo sin pretenciones, que salió sin mucha potencia y muy central. Sin embargo, el portero Eduardo se durmió completamente y se dejó engañar por un inofensivo pique, pifiando el esférico y dejandolo colar en el arco.

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